Bodega: Maduración y Vendimia
Variedad: 100% Tinta del País (Tempranillo).
Zona: D.O. Ribera del Duero (Viñedos seleccionados en laderas de altura a 800 metros sobre el nivel del mar, Peñafiel).
Elaboración: Selección de parcelas. Vinificación tradicional con control de temperatura. Crianza medida minuciosamente en 60 semanas (aproximadamente 14 meses) en barricas de roble francés y americano, seguida de un reposo en botella para su redondeo antes de la distribución directa.
Cata
Visual
Muestra un color rojo picota intenso con sutiles destellos rubí , manteniendo una capa media-alta bien cubierta. Limpio, brillante, con una lágrima glicérica que resbala lentamente por las paredes de la copa.
Nariz
Franqueza aromática de marcado carácter varietal. Destaca en un primer plano la fruta negra del bosque madura (moras, arándanos), junto a notas de fruta roja como la cereza para dar paso a notas balsámicas y pinceladas de regaliz, todo ello emulsionado con notas elegantes de especias dulces (clavo, vainilla) y un ligero fondo de grano de café tostado perfectamente integrado.
Boca
Entrada con volumen, En el paso de boca despliega una estructura notable, con taninos presentes pero pulidos y maduros que aportan una textura carnosa. La acidez, sostenida estira el vino aportando frescura y equilibrio frente a su potencia alcohólica. Final persistente con un posgusto donde retornan los recuerdos frutales y los matices del tostado del roble.
Maridaje
Excelente aliado para platos de la cocina tradicional castellana: lechazo al horno, cortes de carne roja a la brasa (chuletón), guisos de caza menor, legumbres estofadas y quesos curados de oveja.
Anécdota
La concepción de este vino bajo el sello de Maduración y Vendimia busca rescatar la esencia de la mítica Carretera Nacional 122 —el eje donde se asientan los viñedos más codiciados de España— pero despojándola de la inflación comercial de las grandes corporaciones. La mención a los «Mil Pasos Romanos» y la precisión de la bodega al medir el envejecimiento en «60 semanas» en lugar de meses tradicionales, refleja una obsesión técnica por embotellar el vino justo en su momento óptimo de consumo, emulando la paciencia y el cálculo con el que los antiguos romanos trazaban sus calzadas sobre este mismo valle.



