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Comienza el movimiento mundial para reducir la huella de carbono

 
 
A dos meses de la activación de la ley Grenelle 2 de Francia, las bodegas argentinas se preparan para enfrentar una reacción en cadena de los demás destinos de exportación.

La industria vitivinícola no se queda afuera del problema más globalizado de la historia. El carbono emitido en los procesos de producción de vinos impacta directamente sobre el efecto invernadero, empeorando la situación. Tal es la gravedad del conflicto climático, que alrededor del mundo, diferentes estados están implementando leyes para reducir la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos durante la elaboración de sus productos.

La ley Grenelle 2 de Francia ya es una realidad y entrará en vigencia a partir de enero de 2011. A partir de ese día, los productos con mayor impacto ambiental -como los alimentos y derivados- deberán informar sobre las emisiones de gas de efecto invernadero (GEI) que generó su elaboración y transporte. Al respecto, Oscar Pinco, titular de Green Solutions Argentina -GSA-, destacó que “el resto de los países de Europa reaccionará en cadena y no tardará demasiado tiempo en tomar sus respectivas medidas”.

Green Solutions Argentina (GSA), se constituyó como la primera certificadora en Argentina sobre huella de carbono. Instalada en Mendoza y San Juan, aborda sus actividades a través de un convenio entre la chilena Green Solutions y la consultora local Know How Wines.
“Nosotros no certificamos directamente, somos mediadores del proceso. La empresa que certifica es la australiana Carbon Reduction Institute (CRI)”, explicó Pinco.

Cabe aclarar que la huella de carbono es la medida del impacto ambiental que provocan las actividades que se emiten en la cadena de producción y repercuten en el medio ambiente. Se cuantifica por los gases de efecto invernadero (GEI) producidos al elaborar un producto o al brindar un servicio medidos en unidades de dióxido de carbono (CO2).

“Cuántos niveles de emisión de dióxido de carbono están permitidos, depende de cada producto y de cada país. No es lo mismo la media de emisión de CO2 de una bodega productora de vinos, que una empresa cervecera o una frutícola. El transporte motor es uno de los puntos más críticos en la emisión de CO2”, remarcó el representante de GSA.

El proceso de certificación
Oscar Pinco detalló las etapas del proceso de certificación que cumple su empresa para aquellas bodegas argentinas que deseen exportar sus productos a Francia a partir de 2011 o a cualquier destino con restricciones respecto a la emisión de gases de efecto invernadero (GEI).
En primera instancia, Green Solutions Argentina y Carbon Reduction Institute harán una auditoría a medida y de esta manera podrá adecuarse el proceso a un determinado nivel de certificación.
“Nuestras auditorías cumplen con el GHG (Gases de Efecto Invernadero) Protocol Corporate Accounting and Reporting standards, que fue desarrollado por World Business Council for Sustainable Development (WBCSD) y World Resource Institute (WRI)”, indicó Pinco.
La auditoría de carbono identificará una gama de alternativas de reducción de emisiones, desde planes de eficiencia energética hasta opciones de cambio de combustibles, proveedores de energías verdes, sistemas de teleconferencia, proveedores verdes, sistema de manejo de residuos y otros.

“Las bodegas firman una declaración jurada detallando todas las características de sus empresas. En ella determinan por ejemplo, cuantas hectáreas de viñedos tienen cultivadas, cuánta productividad tienen por hectárea, qué capacidad tiene la bodega, con que maquinaria cuenta, etc”, explicó el titular de GSA.
“Una vez hecha esta declaración, Green Solutions Argentina envía los resultados a su par australiano y ahí se analizan punto por punto para luego determinar qué cambios son necesarios y en cuánto tiempo deben realizarse. Cumplido el plazo, la gente de CRI realiza un primer control para entregar la certificación. Luego se llevan a cabo otros controles a lo largo del tiempo”.
La certificación requiere de la compra de créditos de carbono (parcializados trimestralmente). La primera compra debe ocurrir previa a la fecha de certificación.
Todos los vinos certificados deben obligatoriamente, llevar el correspondiente sello en su etiqueta.

Bonos de carbono
Una organización puede alcanzar su meta de reducción de carbono comprando el mismo número de bonos de carbono que emite. Un bono de carbono representa una tonelada de dióxido de carbono o su equivalente en otros gases de efecto invernadero.
Oscar Pinco aseguró que “el dinero recaudado a través de la compra de bonos de carbono es justamente utilizado para encontrar maneras de reducir las emisiones de GEI”.

El impacto comercial
Las medidas que puedan tomar los diferentes países en lo referido a la huella de carbono significan cambios de reglas en el plano comercial.
El titular de GSA, destacó que “el trabajar con bajos niveles de contaminación repercute en el aumento de ventas en la mayoría de los mercados. La sustentabilidad es cada vez más importante para los consumidores. De hecho, en algunos países se analiza primero si el producto a consumir está certificado o no. En caso de no estarlo, los consumidores descartan inmediatamente su consumo”.
“Sin embargo -continuó Pinco- habrá que esperar y ver. El desempeño de los diferentes países en este tema será determinante para la economía de los próximos años. Además, se presenta una gran competencia entre las distintas certificadoras. En algunos países europeos, los consumidores tienen claro qué certificadora es la mejor, pero en otros no. Debe tenerse en cuenta que algunas son más exigentes que otras y por tanto, generan diferentes costos a los productores”.

Mariano  Zalazar
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