La Nochebuena no solo se saborea en el plato. También se bebe. Y mucho. Cada brindis, cada sobremesa interminable y cada “venga, uno más” tiene detrás una bebida con historia, tradición y, en muchos casos, siglos de costumbre familiar.
En España —y en buena parte del mundo— la Nochebuena es un auténtico recorrido líquido por nuestra memoria gastronómica.
🍷 Vino: el gran protagonista de la mesa
El vino es, sin discusión, el rey de la Nochebuena. Tintos para carnes y asados, blancos para pescados y mariscos, y rosados que se cuelan cada vez más en mesas modernas.
En muchas casas, abrir una botella especial “guardada para Navidad” es casi un ritual. No importa tanto la denominación como el momento: el vino de Nochebuena sabe distinto porque se comparte.
🥂 Cava y espumosos: el sonido de la celebración
Aunque el gran brindis suele reservarse para Nochevieja, en Nochebuena el cava ya empieza a enfriarse. Aparece con los entrantes, acompaña el postre o se sirve sin excusas.
El sonido del corcho es, para muchos, el aviso oficial de que la Navidad ha comenzado.
🍾 Sidra: tradición del norte
En Asturias y el norte peninsular, la sidra no falta. Natural, fresca y con ese punto festivo del escanciado, es habitual tanto en comidas como en sobremesas familiares.
En Nochebuena, la sidra une generaciones y mantiene vivas costumbres que pasan de padres a hijos.
🍸 Licores y aguardientes: la sobremesa manda
Cuando la mesa ya está recogida y la conversación se alarga, entran en escena los clásicos:
Orujo
Aguardiente
Anís
Pacharán
Hierbas
Pequeñas copas, grandes charlas. Más digestivos que bebida, forman parte inseparable de la Nochebuena tradicional.
🍫 Chocolate caliente (sí, también cuenta)
Especialmente cuando hay niños —y no tan niños— el chocolate caliente aparece como broche final. Acompañado de turrones, polvorones o simplemente pan, es una costumbre muy española que resiste al paso del tiempo.
🎄 Una noche para brindar con lo nuestro
La Nochebuena no entiende de modas extremas. Entiende de tradiciones. De bebidas que no se eligen por puntuaciones, sino por recuerdos.
Porque al final, lo importante no es qué se bebe, sino con quién se brinda

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