Hay costumbres que no necesitan presentación.
Una barra. Varias conversaciones cruzadas. Un plato pequeño en el centro y una copa de vino esperando su turno.
Eso es tapear.
Pero… ¿alguna vez te has preguntado de dónde viene la tapa?
En MundoVino nos hemos puesto a rebuscar entre tabernas, reyes, vinos y alguna que otra leyenda.
Y ya os adelantamos algo: el origen de la tapa no está del todo claro.
Quizá precisamente por eso su historia nos gusta tanto.
¿Por qué se llama “tapa”?
La explicación más sencilla está delante de nuestras narices… o, mejor dicho, encima de la copa.
Una de las teorías más populares cuenta que en antiguas ventas y tabernas se colocaba una loncha de queso, jamón o embutido sobre el vaso de vino.
¿El motivo?
“Tapar” la bebida y protegerla del polvo y de los insectos.
El pequeño bocado hacía, literalmente, de tapa.
Con el tiempo, aquello que protegía el vino terminó siendo casi tan importante como el propio vino.
Y nació una de las parejas gastronómicas más felices de nuestra historia.
Alfonso X el Sabio: vino sí, pero con algo de comer
Aquí entra en escena uno de los personajes habituales cuando hablamos del origen de la tapa: Alfonso X el Sabio.
Cuenta la leyenda que, durante una enfermedad, los médicos recomendaron al monarca tomar vino acompañado de pequeñas porciones de comida.
La intención era sencilla: evitar los efectos de beber con el estómago vacío.
Según la tradición, la idea gustó tanto al rey que habría ordenado que en los mesones castellanos no se sirviera vino sin acompañarlo de algún alimento.
¿Ocurrió exactamente así?
No podemos asegurarlo.
Alfonso XIII y la famosa copa “tapada”
Saltamos varios siglos y viajamos hasta Andalucía.
Otra de las historias más conocidas tiene como protagonista a Alfonso XIII.
Según la leyenda, el rey se encontraba tomando una copa de vino cuando se levantó viento y polvo.
Para proteger la bebida, un camarero colocó sobre la copa una loncha de embutido.
El rey se comió aquella improvisada protección y pidió otra copa… con su correspondiente tapa.
¿Historia o buena leyenda de taberna?
Probablemente nunca lo sepamos.
Pero la historia ha sobrevivido.
Y eso, cuando hablamos de vino, barras y gastronomía, ya tiene su mérito.
Entonces… ¿quién inventó realmente la tapa?
Aquí llega la respuesta menos romántica.
No existe un inventor oficialmente reconocido.
La tapa parece ser el resultado de una evolución de las costumbres vinculadas a ventas, tabernas y establecimientos donde se servía vino.
Posiblemente no nació un martes concreto a las cinco de la tarde.
Fue evolucionando.
Del queso sobre el vaso al plato de aceitunas.
De las aceitunas a la tortilla.
De la tortilla a la croqueta.
Y de ahí… al cocinero que decidió deconstruirla, poner tres puntos de salsa en el plato y cobrarnos doce euros.
La evolución también tiene sus riesgos.
Curiosidades sobre las tapas que quizá no conocías
🍷 La tapa nació íntimamente ligada al vino. Mucho antes de que la cerveza dominara muchas barras, el vino era compañero habitual de estos pequeños bocados.
🍴 Tapear es mucho más que comer pequeñas cantidades. Es compartir, probar y, sobre todo, moverse. Una tapa aquí, otra allí y “la última” que casi nunca es la última.
📚 Las ventas y tabernas forman parte de nuestra historia gastronómica y literaria. El vino y los pequeños bocados aparecen ligados a la vida cotidiana española desde hace siglos.
🌍 La tapa se ha convertido en una de las grandes señas de identidad de la gastronomía española. Croquetas, gildas, tortillas, torreznos, conservas, quesos…
🤏 Una tapa no tiene por qué ser complicada. Una buena aceituna, un queso bien elegido o una conserva excelente pueden superar a muchas elaboraciones con veinte ingredientes.
De tapas por Navarra: nuestras propuestas con nombre y apellido
Y ahora sí.
Vamos a llevar la tapa a nuestra tierra.
Porque en MundoVino no vamos a hablar de “un blanco”, “un rosado” o “un tinto” sin más.
Vamos a poner botellas sobre la mesa.
Espárrago de Navarra, mahonesa cítrica y Chivite Finca Legardeta Chardonnay
Empezamos con uno de nuestros grandes productos: el espárrago de Navarra.
Para acompañarlo elegimos Chivite Finca Legardeta Chardonnay.
La tapa: espárrago de Navarra, mahonesa ligera con un toque de limón y unas gotas de buen aceite de oliva.
La copa: Chivite Finca Legardeta Chardonnay.
Frescura, volumen y acidez para acompañar al espárrago sin esconderlo.
Y, por favor, dejemos al espárrago saber a espárrago.
Pimiento del piquillo relleno de bacalao y Corazón de Malón
Aquí permitidme barrer para casa.
Cascante.
Para acompañar nuestro piquillo relleno de bacalao elegimos Corazón de Malón, de Bodegas Malón de Echaide.
Un rosado de lágrima elaborado con Garnacha de la Ribera Baja mediante el tradicional método de sangrado.
La tapa: pimiento del piquillo relleno de una suave brandada de bacalao.
La copa: Corazón de Malón.
Fruta, frescura y acidez frente a la untuosidad del relleno.
Y sí, permitidme insistir.
Es de Cascante.
Croqueta de jamón y Corazón de Malón
Sí.
Repetimos rosado.
¿Y?
Una croqueta cremosa necesita frescura y acidez para limpiar el paladar.
La tapa: croqueta de jamón, crujiente por fuera y casi líquida por dentro.
La copa: Corazón de Malón.
El rosado navarro tiene una enorme capacidad gastronómica y no deberíamos reservarlo únicamente para el verano.
Y la croqueta, caliente.
Esto no es una recomendación.
Es casi una exigencia personal de MundoVino.
Chistorra de Navarra y El Piano de Gonzalo Celayeta
Para la chistorra nos vamos con El Piano, de Gonzalo Celayeta.
Garnacha y chistorra.
Navarra hablando con Navarra.
La tapa: chistorra de Navarra ligeramente crujiente sobre una rebanada de pan.
La copa: El Piano.
La fruta y la personalidad de la Garnacha acompañan el carácter intenso y graso de la chistorra.
Aquí tenemos poco más que añadir.
Bueno, sí.
Que probablemente necesitemos otra copa.
Queso Roncal y Kimera de Gonzalo Celayeta
Y terminamos con personalidad.
Para acompañar un queso Roncal elegimos Kimera, de Gonzalo Celayeta.
Una Garnacha con carácter para un queso que tampoco pasa precisamente desapercibido.
La tapa: una pequeña cuña de queso Roncal y una nuez.
La copa: Kimera.
Dos productos con personalidad.
Aquí no pondríamos mermelada, reducción balsámica ni tres flores decorativas.
Queso.
Garnacha.
Copa.
Y a disfrutar.
La tapa: mucho más que comer poco
Quizá nunca sepamos quién colocó el primer trozo de queso sobre una copa de vino.
Quizá Alfonso X tuvo algo que ver.
Quizá Alfonso XIII simplemente llegó en el momento adecuado.
O quizá fueron los taberneros, los viajeros y la gente corriente quienes, poco a poco, crearon esta costumbre.
Personalmente, en MundoVino nos quedamos con esta última idea.
Porque la tapa no parece una invención de laboratorio.
Parece una costumbre nacida de la barra.
De compartir.
De pedir otra copa.
De probar “solo una cosa más”.
Y si esa copa lleva vino navarro y la tapa tiene producto de nuestra tierra…
nosotros no necesitamos ninguna leyenda para sentarnos a la mesa.


