El vino español vuelve a demostrar que juega en la liga internacional. Esta vez no lo hace desde una feria ni desde una cata magistral, sino desde la gran pantalla. La botella de “Los Malditos Conejos” aparece en una escena de Una batalla tras otra, compartiendo encuadre con Leonardo DiCaprio en una de las películas que más conversación ha generado esta temporada rumbo a los Premios Oscar.
Pero más allá del impacto mediático, la pregunta es clara: ¿qué vino hay detrás de esa etiqueta con nombre provocador?
Un nombre que no pasa desapercibido
En un mercado saturado de referencias clásicas y etiquetas previsibles, “Los Malditos Conejos” irrumpe con personalidad. Es un nombre que genera curiosidad, que invita a preguntar, que se recuerda. Y en comunicación de marca, eso ya es media batalla ganada.
Esa actitud desenfadada, sin embargo, no implica superficialidad. Detrás hay un vino técnicamente sólido y con discurso propio.
Viñedo y elaboración: equilibrio entre carácter y precisión
Procedente de viñedos seleccionados y con rendimientos controlados, el objetivo es claro: buscar concentración y expresión varietal sin perder frescura. La vendimia se realiza en el punto óptimo de maduración, priorizando equilibrio fenólico y acidez natural.
En bodega, la fermentación se lleva a cabo en acero inoxidable con control de temperatura para preservar intensidad aromática. La maceración se ajusta para conseguir estructura sin excesos, evitando taninos agresivos.
Posteriormente, el vino realiza una crianza en barrica de roble —principalmente francés— durante el tiempo necesario para aportar complejidad, especias y textura, pero manteniendo siempre la fruta como eje central. El afinado en botella termina de ensamblar el conjunto.
El resultado es un tinto de perfil moderno, bien definido y con clara vocación gastronómica.
Así es en copa
Color intenso, capa media-alta y ribete vivo.
En nariz, predominan frutas rojas y negras maduras (cereza, mora), acompañadas de matices especiados, cacao fino y ligeros recuerdos balsámicos. La madera está presente, pero integrada.
En boca, entrada amplia, tanino pulido, estructura equilibrada y una acidez que aporta recorrido. Final persistente, con recuerdo frutal y especiado.
Es un vino versátil, capaz de acompañar carnes asadas, guisos tradicionales, cocina mediterránea e incluso propuestas más contemporáneas con cierta intensidad.
Más que un cameo
Que “Los Malditos Conejos” aparezca en Una batalla tras otra no es solo una anécdota cinematográfica. Es un símbolo del momento que vive el vino español: etiquetas con identidad, elaboraciones cuidadas y marcas capaces de conectar con públicos internacionales.
La presencia junto a Leonardo DiCaprio proyecta una imagen aspiracional, sí, pero lo que realmente sostiene esa proyección es el contenido de la botella.
Porque en el vino, como en el cine, la historia importa. Pero si el fondo no acompaña, el plano se queda vacío.
En este caso, la botella tiene relato… y también tiene sustancia.



