Una Garnacha Blanca de una pequeña altiplanicie de Viana y una Garnacha Tinta procedente de cepas de más de cuarenta años
Bodegas Ondarre incorpora dos nuevos vinos a Los Otros de Ondarre, la colección con la que
la bodega vuelve sobre viñas conocidas para observarlas con una mirada distinta.
En esta ocasión, la coincidencia ha querido que esa búsqueda haya conducido a dos viñedos de
Garnacha – uno de blanca y otro de tinta- de los que nacen a la vez dos vinos procedentes de
la añada 2025, calificada como Excelente por el Consejo Regulador de la DOCa Rioja.
La Garnacha Blanca procede de una única viña de 1,42 hectáreas en una altiplanicie Viana,
abierta al viento y asentada sobre gravas y caliza. La Garnacha Tinta nace de cepas de más de cuarenta años cultivadas en vaso, sobre un suelo calcáreo, pedregoso y poco profundo, con
rendimientos de apenas un kilo de uva por planta Altiplanicie en Viana
La finca de Garnacha Blanca ocupa 1,42 hectáreas sobre suelos pobres, de textura francoarenosa en superficie y con mayor contenido de arcillas en profundidad. La exposición al viento favorece la sanidad de la uva y contribuye a mantener una frescura especialmente marcada.
Tras seleccionar únicamente el mosto flor, el vino permaneció después unos meses sobre sus
lías finas en depósito de acero inoxidable.
El resultado es un blanco amarillo limón pálido, con reflejos verdosos, de nariz fragante y
profunda. Aparecen la flor de azahar, la pera y los cítricos, junto a notas de membrillo y miel.
En boca combina volumen y untuosidad con una acidez bien perfilada, un paso sápido y
ligeramente salino y un fino recuerdo amargo. De esta primera añada se han elaborado 4.657
botellas.
La Garnacha Tinta procede de un único viñedo de más de cuarenta años, en vaso sobre un
suelo calcáreo, con abundantes gravas, textura franco-arcillosa y escasa profundidad. Los
rendimientos apenas alcanzan un kilo por planta. Después de una maceración en frío, la
fermentación alcohólica tuvo lugar con las propias levaduras del viñedo y la maloláctica en
barricas de grano fino y tostado ligero, donde el vino permaneció después tres meses.
En copa muestra un color rojo violáceo de intensidad contenida y matices granates. La nariz combina frutos rojos y negros, grosellas y moras, con un marcado fondo floral de violetas,
rosas y lavanda, además de leves notas lácteas y de cacao. En boca es fresca, ágil y sabrosa,
con taninos finos y sedosos y un final muy largo en el que regresan las notas frutales y florales.
La elaboración alcanza las 6.302 botellas.
Ambos vinos proceden de 2025, añada calificada como Excelente en Rioja. Fue una cosecha especialmente corta, con una sanidad extraordinaria y una madurez óptima. La menor carga del viñedo favoreció una mayor concentración y, en el caso de los blancos, una expresión aromática particularmente limpia y fragante. Son también los primeros vinos planteados y elaborados íntegramente por Diego Orío desde que asumió la dirección técnica de Bodegas Ondarre, tras un año de trabajo junto a Javier Martínez de Salinas antes de su jubilación.



