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La filoxera llega a Tenerife: crónica de un enemigo que ya arrasó el viejo mundo


Por Redacción MundoVino.net

En el siglo XIX, la viticultura europea vivió su mayor catástrofe. Todo comenzó hacia 1863 en Languedoc, Francia, cuando unas cepas importadas desde Estados Unidos trajeron sin saberlo a un diminuto pero letal insecto: Daktulosphaira vitifoliae.

En pocos años, la plaga se extendió como pólvora por Francia, España, Italia y Portugal, arrasando más del 70 % de los viñedos europeos. Ni las bodegas más prestigiosas ni las zonas más recónditas se salvaron. La solución —injertar las vides europeas sobre portainjertos americanos resistentes— salvó la viticultura, pero también borró para siempre buena parte de los viñedos en pie franco.


Un santuario que resistió… hasta ahora

Mientras Europa lloraba sus cepas, Canarias permaneció intacta. El aislamiento geográfico, sus suelos volcánicos y leyes fitosanitarias estrictas protegieron un tesoro único: viñas centenarias plantadas directamente en tierra, sin injerto.

Pero ese “escudo” se ha roto este 2025. El primer foco en Tenerife apareció en Valle de Guerra, junto a la conocida “playa del pasado”, en un parral abandonado y viñas sin atender. Poco después, un segundo foco en La Matanza de Acentejo encendió todas las alarmas.


Más que una plaga: una amenaza a la memoria

Tenerife cuenta con más de 3.200 hectáreas de viñedo, casi la mitad de todo el archipiélago. Aquí, la filoxera no es solo un problema agrícola: es un atentado contra un patrimonio genético que ha sobrevivido intacto 160 años después de la gran pandemia vitícola europea.

Si no se contiene, el coste de reconvertir todo el viñedo a portainjertos rondaría los 96 millones de euros, sin contar el impacto en empleo, turismo y cultura del vino.


La batalla actual

El Gobierno de Canarias y el Cabildo han activado un protocolo urgente:

  • Arranque y destrucción controlada de plantas infectadas.
  • Prohibición de trasladar material vegetal entre islas.
  • Vigilancia intensiva en un radio de varios kilómetros.
  • Formación rápida para viticultores y bodegas.

El peso de la historia

En el XIX, la filoxera cambió el mapa vitícola del mundo. Hoy, en Tenerife, el reto es que la historia no se repita. La imagen de la “playa del pasado” como punto cero de esta amenaza nos recuerda que el futuro del vino canario depende de decisiones rápidas y colectivas.

Y quizá, dentro de un siglo, los cronistas del vino recuerden que, así como Languedoc fue el principio de una tragedia, Tenerife fue el lugar donde la historia cambió de rumbo… porque se decidió luchar antes de que fuera tarde.