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EL ENEMIGO INVISIBLE DE LA VENDIMIA VUELVE A GOLPEAR: UN BODEGUERO MUERE EN LANCIEGO POR EL «TUFO DEL VINO»


Hay accidentes en el mundo del vino que nos recuerdan, de la forma más dura, que detrás de cada vendimia también existen riesgos que no siempre vemos.


Este viernes, Lanciego, en Rioja Alavesa, ha vuelto a teñirse de luto. Un bodeguero y propietario de una bodega de la localidad ha fallecido durante un accidente laboral relacionado, según las primeras informaciones, con la acumulación de dióxido de carbono (CO₂), el conocido en el sector como «tufo del vino».


Y lo más preocupante es que Lanciego ya había vivido una tragedia prácticamente idéntica en 2023, cuando dos bodegueros fallecieron por inhalación de este mismo gas.


¿Qué es realmente el «tufo del vino»?
Para quienes trabajamos o hemos trabajado en bodega, el término resulta familiar.
El CO₂ se genera de forma natural durante la fermentación alcohólica: las levaduras transforman los azúcares del mosto en alcohol y dióxido de carbono.
El problema aparece cuando ese gas se acumula.
El CO₂ es incoloro e inodoro y, además, es más pesado que el aire. Por eso puede concentrarse especialmente en zonas bajas, depósitos, lagares, fosos y espacios con poca ventilación.
Y aquí está el verdadero peligro:
no lo vemos, no lo olemos y puede dejarte inconsciente en muy poco tiempo.


La vendimia: uno de los momentos de mayor riesgo
No es casualidad que estos accidentes se concentren alrededor de la vendimia.
Cuando entra mucha uva en bodega, comienza una intensa actividad fermentativa y, con ella, una importante producción de CO₂.
Por eso los primeros días de entrada de uva son especialmente críticos.
El peligro no está únicamente dentro de un depósito. Puede encontrarse en lagares, fosos, zonas bajas o pequeñas salas donde la ventilación sea insuficiente.


Y hay otro peligro: intentar rescatar a un compañero
Esta es probablemente una de las cuestiones más importantes que debemos recordar.
Cuando una persona se desploma en una zona con CO₂, entrar inmediatamente a rescatarla sin comprobar antes la atmósfera puede convertir una víctima en dos.
Ya ocurrió en el accidente de Lanciego de 2023: uno de los bodegueros cayó al depósito y el familiar que intentó auxiliarle murió también tras inhalar el gas.
La reacción humana es lógica: «hay que ayudarle».
Pero con el CO₂, esa reacción puede ser mortal.


Seguridad: la tecnología existe
Hoy una bodega no debería confiar únicamente en la experiencia del bodeguero.
Ventilación adecuada, detectores de CO₂, equipos portátiles de medición y protocolos de trabajo son herramientas fundamentales.
El sector ha evolucionado muchísimo y las bodegas modernas incorporan sistemas que permiten controlar mejor estas situaciones. Sin embargo, las pequeñas bodegas familiares, los espacios antiguos y determinadas zonas de difícil ventilación siguen presentando riesgos.


Y hay una regla que debería estar grabada en cualquier bodega:
NUNCA ENTRAR EN UN ESPACIO CON POSIBLE ACUMULACIÓN DE CO₂ SIN COMPROBAR ANTES LA ATMÓSFERA.

Una tragedia que se repite
Lo ocurrido ahora en Lanciego resulta todavía más doloroso porque en la misma localidad dos bodegueros murieron por el «tufo» en 2023.


Estamos hablando de un riesgo perfectamente conocido por el sector.
Precisamente por eso, cada nueva víctima debería servir para volver a poner sobre la mesa la prevención.
Porque el vino puede parecer tranquilo.
La fermentación puede parecer tranquila.
Una bodega puede parecer tranquila.
Pero durante la fermentación hay una reacción química que está produciendo enormes cantidades de un gas que puede desplazar el oxígeno sin que nuestros sentidos nos avisen.


Desde www.mundovino.net
Nuestro pésame a la familia, compañeros y vecinos de Lanciego.
Y una reflexión para todos los que estos días están trabajando en bodega:
La vendimia no termina cuando entra la uva. La seguridad también forma parte de la elaboración del vino.
El CO₂ no se ve. No huele. No avisa.
Pero podemos detectarlo y prevenirlo.